OPINIÓN

Juan y María

“DEBO, NO NIEGO; PAGO, LO JUSTO”

Teresa Carbajal

Juan y María, nombres usados para proteger su verdadera identidad, son dos empresarios transportistas que conocí hace poco más de cuatro años en el Barzón.

Ellos llegaron al Barzón, en el punto límite de la decisión final, para dejar de pagar su crédito hipotecario, un crédito que sostuvieron pagando de manera puntual durante más de veinte años.

Pero cuyos intereses bancarios, aumentaron de tal forma que se volvieron impagables. Hacía once años atrás, presionados por la falta de liquidez, y de economía para poder pagar la mensualidad de manera completa, optaron por hablar al Banco, y pedir una medida que pudiera beneficiarles para no dejar de pagar, y con ello, evitar perder su vivienda.

Sucedió que la medida de “apoyo” que le ofreció el Banco, en aquel entonces, era hacer una “reestructura de la deuda” para poder bajar la mensualidad, medida a la que ellos accedieron, pues eran buenos pagadores y no querían por nada del mundo dejar de pagar.

Lo que el Banco omitió explicarles, es que esa baja mensualidad no iba a ser definitiva, sino temporal. Pues al cabo de unos años más, el importe de la mensualidad volvería a subir para quedar, no igual, sino peor de como comenzaron.

Así al cabo de unos años, se percataron que la mensualidad habría vuelto a subir, y de nuevo estaban en el mismo escenario en el que habían comenzado. Incluso un poco peor, porque con la reestructura, perdieron el beneficio de los intereses que ya habían pagado de los primeros diez años del crédito.
Pues como Usted sabe, en todo crédito hipotecario, los primeros años del monto total de la mensualidad, la mayor parte se va a intereses. Y a capital se abona una mínima cantidad.

Con esta dinámica o usanza en los créditos, al hacer una reestructura hicieron un “borrón y cuenta nueva”, es decir, tomaron el restante del capital que a esa fecha estaba en la corrida financiera, y le volvieron a poner una nueva tasa de interés y desde luego ampliaron el plazo del crédito. En otras palabras, volvieron a empezar.

Pues con la firma de la reestructura, aceptaban –sin saberlo- que lo pagado se perdiera, y comenzar desde ceros, y pagando con los primeros años de las mensualidades, primero los intereses y dejando intacto el capital.

Así con el crédito original y su reestructura, no hicieron ni cosquillas al momento de la deuda, en veinte años que llevaban pagados.

Ellos, expusieron ante el Barzón, (y después nosotros construimos el soporte de la propuesta de pago, que tenía como fin liquidar la deuda) mediante información contable y financiera del por qué, a pesar de no fallar en los pagos, su deuda cada vez se hacía más difícil de pagar.
Incluso pagando de manera fraccionada una sola mensualidad (en dos o tres partes) el importe de una mensualidad.

Situación, que como le expusimos al banco se complicó aún más después del 2020 cuando por la pandemia, alguien del mismo banco habló con ellos para convencerlos de entrar al programa de “supuesto apoyo” que fueron los planes covid.

Y que a la larga saliera peor el remedio que la enfermedad, pues esos programas no tenían nada de apoyo, pues también generaron intereses (los famosos intereses covid) y aparte, como es sabido por todos, la pandemia no se resolvió, ni en cuatro, ni en seis meses.

Entonces vencido el plazo de espera, ya les esperaba senda cuenta por pagar, aparte de la mensualidad, y todo ello, sin que su actividad económica se reestableciera.

¿Por qué el cambio de situación económica pregunté?, ellos respondieron que se dedicaban al transporte público urbano de pasajeros, cada uno tenía un camión.

Pero el pasaje tenía más de doce años que no subía ni un centavo. Y había que pagar el sueldo de los choferes, la cuota patronal (que hoy con tantos aumentos al salario mínimo es impagable) las reparaciones, las refacciones, las llantas, el taller, el diésel y demás.

Es decir, para no quebrar financiaban su giro, con otros créditos, y para comer y vivir igual; consecuencia de ello, lo que les quedaba era a veces nada. Pero resistían porque era su fuente de ingresos.

Y es que, por ejemplo, si viajas a cualquier punto de la república, o en taxi, ¿cuánto ha subido y cuantas veces en doce años? Y el pasaje local, no ha subido ni un solo centavo, así que los costos de operación los estamos pagando nosotros, o sea Juan y María.
Es verdad, todo ha subido en doce años, menos el pasaje urbano…

Al final Juan y María rescataron su casa, pues llegamos a un acuerdo justo y razonable de pago con el Banco, pero la preocupación quedó siempre en el aire, con esa injusta interrogante, hasta cuando les autorizarán, ajustar la tarifa. O subsidiar el servicio, para que no tengan que vivir así, poniendo de su bolsa o endeudarse para que todos podamos llegar a casa, al trabajo o a la escuela.

Hoy que ha sucedido, recuerdo mucho a los compañeros y siento que hay mucho que decir y reflexionar sobre el particular asunto.
visite www.elbarzonrc.org Contacte elbarzonrc@yahoo.com.mx, O sígame en @terecarbajal

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *