Los Políticos
Salvador Muñoz
En Coatepec encontraron una civilización debajo de un fraccionamiento y parece que todavía están pensando si llaman al INAH… o al agente de bienes raíces porque lo descubierto en San Lucas no es cualquier cosa. El Instituto Nacional de Antropología e Historia documentó una estructura cívico-ceremonial, una plataforma de 30 metros de largo por 12 de ancho; una estela monolítica de 1.88 metros de altura con personajes de élite y posibles rasgos mayoides; restos de maíz carbonizado depositados como ofrenda, vasijas y una cuenta de piedra verde. Estamos hablando de un asentamiento cuyo estudio puede cambiar lo que sabemos de las culturas que habitaron esta región. ¡Ah, pero hay un pequeño inconveniente!
Resulta que esos antepasados tuvieron la pésima ocurrencia de instalar su plaza ceremonial exactamente donde, unos mil 400 años después, alguien vio plusvalía.
¡Qué poca visión inmobiliaria de nuestros pueblos originarios!
El terreno forma parte del desarrollo Bosque Residencial San Lucas, un proyecto que se promociona como “ecosensible”, rodeado de naturaleza, tranquilidad y calidad de vida. Los lotes se han anunciado hasta en más de cinco mil pesos el metro cuadrado. Es decir, la tierra tiene historia… pero sobre todo tiene precio.
Y ésa es precisamente la papa caliente que tiene en las manos el alcalde Nacho Luna.
Porque una cosa es posar junto a los arqueólogos, hablar de identidad, patrimonio, cultura y hasta explorar la construcción de un museo, y otra muy distinta tomar decisiones cuando preservar la historia puede significar meterle freno al negocio inmobiliario. El propio alcalde habló desde junio de convertir el área en una zona arqueológica y ponerla a disposición del público. Magnífico. Nada más hay que cuidar un pequeño detalle: primero conservar la zona y después hacer el museo, no construir encima y luego guardar la estela en una vitrina.
Porque mientras desde el desarrollo inmobiliario aseguran que San Lucas continuará y que únicamente quedará fuera de comercialización el área restringida por el INAH, los ciudadanos piden algo simple pero más lógico: detener temporalmente obras y ventas hasta saber qué tan grande es realmente aquello que está debajo de la tierra.
Y tienen razón.
El Consejo Ciudadano para la Protección de Bienes Patrimoniales de Coatepec no está pidiendo que regresen los sacrificios humanos al Parque Hidalgo. Solicita estudios con georradar y tecnología LIDAR para delimitar Campo Viejo, San Lucas y zonas aledañas, así como proteger los vestigios antes de que la maquinaria decida por los arqueólogos. El 12 de agosto se reunió con Nacho Luna y consiguió compromisos: llevar un acuerdo al Cabildo, buscar la intervención federal y generar condiciones para detener temporalmente las obras mientras se estudia la zona.
Ahora falta la parte complicada de la política: cumplir. Porque para anuncios, Coatepec tiene hasta Pueblo Mágico. Aquí aparece también Eric Cisneros Burgos, personaje que durante años hizo de Coatepec una de sus zonas predilectas y cuya residencia en un exclusivo fraccionamiento rumbo a Xico ha sido documentada públicamente. Bola Ocho ha construido buena parte de su discurso político alrededor de las raíces, los pueblos originarios, la identidad y la reivindicación histórica. Pues ahí tiene una oportunidad maravillosa de pasar de la edición de lujo del discurso a la versión de carne y hueso… o mejor dicho, de piedra y tierra.
Nacho Luna tampoco puede alegar pobreza franciscana. Su administración presumió que la Feria Nacional del Café dejó alrededor de seis millones de pesos de utilidad, originalmente etiquetados políticamente para luminarias. Bueno, iluminar calles es importante, pero iluminar mil 400 años de historia tampoco estaría mal. Al menos alcanzarían para comenzar a gestionar seriamente la adquisición, protección o intervención pública de parte del área, acompañados por Estado, Federación e INAH.
Porque aquí todos ven burro y se les antoja viaje. Coatepec crece, se fracciona, se vende, se lotifica y cada pedazo de tierra parece medirse primero en metros cuadrados y después, si queda tiempo, en historia.
La ironía es deliciosa: vender un desarrollo hablando de bosque, magia, tradición, identidad, naturaleza y esplendor coatepecano mientras debajo podrían existir estructuras ceremoniales de los verdaderos habitantes originarios del lugar.
Eso sí sería un nuevo concepto inmobiliario: Residencial San Lucas: viva encima de mil 400 años de historia. Drenaje con vista al pasado.
La ciudadanía ya hizo su parte: organizó, exigió, reunió firmas y puso el tema frente a las autoridades. El INAH hizo la suya: excavó y demostró que allí hay mucho más que terrenos para vivienda. Ahora toca al Ayuntamiento demostrar de qué lado quiere quedar en la historia porque dentro de otros mil años, cuando alguien excave el Coatepec del siglo XXI, quizá encuentre una estela prehispánica… o una alcantarilla.
Y entonces sabremos quiénes fueron los verdaderos enterradores de la memoria histórica de Coatepec.

