Darío Pale
Xalapa, Ver.- La dramaturga y codirectora Esmeralda Aragón relata cómo la falta de apoyo y los pendientes en la reconstrucción de una escuela primaria mantienen viva la lucha de los habitantes de El Coyul, Oaxaca.
La historia de una comunidad que tuvo que levantarse por sus propios medios después del terremoto de 2017 llega al escenario a través de la obra El Coyul, una propuesta teatral que busca dar voz a sus habitantes y visibilizar las problemáticas que enfrentan, particularmente en materia educativa.
Esmeralda Aragón, intérprete, dramaturga y codirectora de la puesta en escena, explicó que uno de los objetivos principales de la obra es colocar a los personajes de la propia comunidad en el centro de la historia, reconociendo la importancia de sus experiencias, necesidades y luchas cotidianas.
“Creo que todas las historias son importantes de ser contadas, que no necesitamos rebuscar historias, grandes historias en otros libros o en otros autores, porque en nuestras propias comunidades tenemos nuestras propias necesidades que contar”, expresó.
Aragón comparte la dirección de la obra con Gustavo Martínez, con quien desarrolla una propuesta que recupera las experiencias de los habitantes de El Coyul, comunidad de Oaxaca que enfrentó las consecuencias del sismo de 2017 y las dificultades que surgieron durante el proceso de reconstrucción.
La dramaturga señaló que, después del terremoto, los apoyos se concentraron en determinados lugares y municipios, mientras que agencias municipales como El Coyul quedaron al margen de la ayuda que necesitaban.
Ante esta situación, los propios habitantes se organizaron para recuperar sus espacios y reconstruir su comunidad mediante trabajos colectivos, conocidos como tequios, además de jornadas de limpieza y otras acciones emprendidas por los vecinos.
La obra también aborda las consecuencias del desastre natural en la educación de niñas y niños, particularmente por los daños que sufrió la escuela primaria de la localidad.
De acuerdo con Aragón, antes del terremoto el plantel funcionaba con dos turnos, matutino y vespertino, pero el derrumbe del edificio obligó a separar a los estudiantes y modificar las condiciones en las que recibían clases.
Mientras el turno matutino permaneció en el espacio destinado para la reconstrucción, los alumnos del vespertino fueron enviados a una zona alejada de la comunidad, donde tuvieron que comenzar de nuevo el proceso para contar con instalaciones escolares.
Sin embargo, la reconstrucción continúa pendiente. La codirectora de El Coyul señaló que, ocho años después del sismo, todavía existen obras inconclusas en el plantel, entre ellas un baño que no ha sido terminado y dos salones cuya construcción fue prometida, pero que aún no se han levantado.
La situación provocó que madres, padres de familia y docentes comprometidos con la educación se sumaran recientemente a un bloqueo carretero para exigir que se concluyan los trabajos y se atiendan las necesidades de la escuela.
Aragón destacó que esta protesta, realizada apenas dos semanas antes de su testimonio, demuestra que las consecuencias del terremoto siguen presentes en la vida cotidiana de la población, pese al tiempo transcurrido desde el desastre.
“Entonces la lucha sigue y descubrimos que todavía seguimos levantando los escombros de un terremoto de hace ocho años”, manifestó.
A través de la puesta en escena, el equipo creativo busca que estas historias sean escuchadas y que las experiencias de las comunidades encuentren un lugar en el teatro, no solamente como testimonios de una tragedia, sino también como ejemplos de organización, resistencia y exigencia de mejores condiciones de vida.
Con El Coyul, Esmeralda Aragón y Gustavo Martínez apuestan por un teatro que parte de las propias comunidades para narrar sus realidades y recordar que, detrás de los desastres naturales, permanecen necesidades que requieren atención incluso años después de la emergencia.




