Los Políticos
Salvador Muñoz
Independientemente de lo que diga el presidente municipal Nacho Luna sobre sus primeros 100 días de gobierno, en Coatepec hay vecinos que ya lo escuchan con ese gesto tan mágico que mezcla paciencia, decepción y una ceja levantada: “a ver ahora con qué sale”. Porque una cosa es el discurso oficial, pulido, planchado y perfumado para la ocasión, y otra muy distinta la realidad que se barre bajo la alfombra…
Y si de pendientes hablamos, hay temas que en Coatepec no son nuevos, no sorprenden, no escandalizan… porque ya forman parte del paisaje, como las bugambilias, el café y el valemadrismo institucional heredado por varias administraciones. Ahí están, firmes, tercos, intocables, como los cuatro jinetes del desencanto municipal:
1. Ambulantaje
2. Inseguridad
3. Agua y basura
y, por supuesto,
4. Turismo
El primero ya podría rebautizarse sin problema como el Tianguis de Nacho. Porque lo que se ve en el centro no es precisamente una postal digna de Pueblo Mágico sino una especie de “sálvese quien pueda” comercial donde hay de todo y para todos: venta de motos mero enfrente del Palacio o de ropa de segunda mano y lo que se vaya acumulando. Digo, salvo que ahora nos quieran vender la idea de que el desorden también es folclor y que el ambulantaje desbordado forma parte del “encanto local”, habría que preguntarse si la dirección de Comercio no puede, no quiere… o ya le agarró gusto a “dejar hacer”.
En materia de inseguridad, la cosa no mejora; nomás cambia de tono: del desorden pasamos al miedo. Con el famoso Comandante Buitre –nombre clave que suena más a personaje de serie barata que a garantía de tranquilidad– a quien señalan como recomendación de la exdiputada federal Carmen Mora, la percepción ciudadana está lejos de sentirse cobijada. Mientras la delincuencia hace lo suyo en calles y casas de Coatepec, no falta quien diga que además hay que cuidarse de parecer “sospechoso”, no vaya siendo que por mala suerte uno termine enredado en las garras de las huestes del susodicho comandante. Vaya forma de brindar seguridad: que el ciudadano no sepa si cuidarse del ladrón… o del que dice perseguirlo.
El tercer punto es quizá la ironía más cruel de todas, porque ahí Nacho Luna termina atrapado en sus propias estampitas de campaña. Cuando andaba en busca de reflectores y aplausos, creó aquella asociación llamada “Salvemos a Coatepec”, que entre los mismos morenos se volvió motivo de burla con el apodo de “Salvemos a Nacho”. Y mire usted qué cruel suele ser el calendario: el tiempo terminó dándoles la razón. Porque aquel activismo de redes, aquellas poses ecológicas, aquellas fotos sembrando árboles con cara de redentor verde, hoy parecen haberse quedado en la galería del recuerdo. A 100 días de gobierno, no se ve una propuesta seria de reforestación, ni una ruta clara, ni una señal de que aquel discurso ambiental era algo más que utilería electoral. Y del agua… mejor ni hablar. Las aguas que cruzan Coatepec siguen estando a años luz de parecerse a las de otros pueblos mágicos, como en Orizaba, que sí entendieron que naturaleza no es discurso, sino obligación.
Y luego viene el asunto de la basura, que en Coatepec ya no se menciona como servicio público sino como si fuera un enredo de intereses, nombres, favores y silencios bien administrados. Cuando alguien pregunta por el tema, la respuesta popular –de ésas que valen más que cien boletines– suelta cuatro nombres como quien recita una contraseña: Raymundo, Murrieta, Bola 8 y Nacho.
Lo que dicen algunos vecinos es que el tema de Limpia Pública se ha convertido en un negocio arrastrado desde la administración pasada, donde asoman nombres como el del exsecretario de Gobierno, Eric Bola 8 Cisneros Burgos; el del político y empresario José Antonio Murrieta Cervantes; el del exalcalde Raymundo Andrade y, claro, el del actual edil, Nacho Luna. La versión que circula en la vox populi, ésa que rara vez sale en los informes pero siempre llega primero a la sobremesa, pinta una fórmula de lo más “eficiente”: Murrieta pone el terreno para la basura; Raymundo, las góndolas para recolectarla; Bola 8, “la comisión” o la “cachera” por la idea… y Nacho, simple y llanamente, paga. Negocio redondo, servicio chueco y pueblo oliendo las consecuencias. Una joya de la administración moderna: privatizar la mugre y socializar el tufo.
Y si faltaba cereza a este pastel de los primeros 100 días, ahí está el turismo. Porque en un Pueblo Mágico donde el turismo tendría que ser motor, orgullo y carta de presentación, acá parece haberse convertido en otra ventanilla del desencanto. La imposición de Ernesto Pérez Astorga no ha caído nada bien entre quienes sí viven del turismo, esos empresarios “sin chimenea” que saben de ocupación, derrama, promoción y no de grilla de escritorio. A Óscar Espinio, según dicen, no lo bajan de inepto y estafador, pues lejos de desempeñar el papel que le correspondería, pareciera más interesado en jugar al segundo de a bordo del Comandante Buitre que en vender las bondades del municipio. Así que ya se imaginará usted el tamaño del hueco que deja Óscar Espino en esta área, en un Coatepec que a 100 días no está para cuentos de hadas sino para cuentas claras.
Por eso, más que esperar un informe, muchos coatepecanos aguardan un acto de prestidigitación verbal: ver cómo Nacho Luna le hace para convertir el ambulantaje en impulso económico, la inseguridad en percepción, la basura en estrategia, la falta de agua en reto histórico y el turismo en “área de oportunidad”. Porque para eso sí son buenos muchos gobiernos: para ponerle moño al desastre y venderlo como avance.
Cien días después, Coatepec sigue esperando menos rollo y más gobierno, porque para discursos bonitos ya estuvo la campaña; y para cuentos de hadas, se supone que ya con el título de Pueblo Mágico era suficiente.


