Los Políticos
Salvador Muñoz
La mesa ya está puesta… mantel largo, servilleta al cuello y cubiertos listos para el banquete electoral del 2027. Y aunque todavía no se prende del todo la lumbre, en la cocina política xalapeña ya huele a campaña… y a mantequilla con ajo.
Porque si algo empieza a perfilar esta sucesión de curules, es que varios de los suspirantes no sólo saben de política… también saben de cocina, de vinos, de tacos, de botaneros y de cómo atender mesas. Algunos, incluso, llevan años haciendo política entre comandas, propinas y sobremesas.
Por el PRI… o quién sabe si por Movimiento Ciudadano… aparece la eterna incógnita llamada Américo Zúñiga. Alrededor suyo hay dos versiones, como en esos restaurantes fifís donde el mesero pregunta si el corte lo quiere término medio o tres cuartos:
La primera: que MC anda tras Américo.
La segunda: que Américo anda tras MC.
Y entre tanto ir y venir de EmeCeros, aparece otro nombre que sí sabe perfectamente cómo se sirve una mesa: Carlos Aceves Amezcua. Restaurantero, anfitrión y amante de la cocina española allá por Coapexpan, donde entre tapas, vino tinto y política de sobremesa, más de uno ha salido ya medio convencido… o medio candidateado.
En el PAN tampoco cantan mal las rancheras culinarias. Ahí aparece Sergio Hernández Hernández, el He-Man azul, que además de operar políticamente, también le sabe al arte del marisco, la cerveza fría y el botanazo estratégico. Porque eso sí: hay políticos que hacen campaña en colonias… y otros que hacen estructura entre ceviches y jaibas rellenas.
Y de los mariscos nos vamos directo al trompo de pastor.
Porque en Movimiento Ciudadano parece que la orden ya salió de cocina: Román Moreno, el de la Vaca Loca, prácticamente trae la candidatura servida en charola. Si la geopolítica electoral no cambia el menú, apuntaría al distrito X local. Y la verdad sea dicha: pocos entienden tan bien el valor político de un taco bien servido a las dos de la mañana.
Pero para maridajes finos… Vinissimo.
Y no necesariamente por El Gordo Paco Valencia, patriarca gastronómico de varias sobremesas xalapeñas, sino porque en esa cava política aparece también el yerno Tato Vega Yunes, vía Morena por el distrito X local. Sí, el restaurante será del suegro… pero en política, igual que en las reuniones familiares, el que se sienta a la mesa termina entrando a la conversación.
Así que ahí los tiene usted:
Uno entre tapas españolas.
Otro entre mariscos y botaneros.
Uno más entre tacos y vacas locas.
Y el último entre vinos, tablas de quesos y conversaciones de cava.
Cuatro perfiles. Cuatro cocinas. Cuatro estilos de hacer política.
Aunque siendo sinceros, de esos cuatro, hay dos que ya hasta van en el postre y pidiendo café. Los otros todavía andan viendo:
1.- Si alcanzan mesa.
2.- O si recalientan lo que quedó en el refri político y con eso arman campaña.
Así que esta mesa que en principio era para cuatro, puede convertirse en una mesa para dos…
El menú ahí está: cada quien su gusto, pero yo no le haría feo a unos taquitos de frijoles con huevo y langostinos…

