Los Políticos
Salvador Muñoz
La naturalidad con la que me respondió, me agradó. Se iba a perder su primer Mundial de Futbol –no recuerdo si desde que tenía 17 o 14 años; la verdad, no lo recuerdo–, pero tenía que estar sirviendo al pueblo y trabajando en el Congreso…
Sinceramente estaba seguro de que esta ocasión se iba a dar su escapada, pues el Mundial se celebra al menos en México o en Estados Unidos, un país que igual conoce, de acuerdo con algunas fotos que de vez en cuando subía a sus redes. Pero no… Es más, su administración organizó un Mundialito entre los chavos y hasta hubo una Fan Zone.
Lo cierto es que hasta el momento, Rafa Fararoni –tanto el diputado como el presidente municipal– viene viviendo una etapa muy diferente a la de aquel dipu-chavo al que hace ya cuatro años le pregunté, en serio y entre broma, si iba a ir al Mundial…
Alguna vez jugué alguna cascarita con funcionarios, entre ellos Álvaro Cué, que era agente del Ministerio Público conciliador –así les llamaban allá por los noventa. Era un Sócrates. Puro toque de balón. Ya no corría, pero ni sudaba ni se acongojaba, y eso estaba cabrón en un municipio como Acayucan.
Y de quien hablaban maravillas era del “Pichón Preñao”, Tomás Rubio, cuenqueño, quien gustaba de ponerse los tacos de vez en cuando y pisar la cancha.
Aquí en Xalapa, alguna vez participé en las cascaritas que organizaba Alejandro Montano, quien más o menos se desempeñaba en la cancha –mucho mejor que yo, claro, que ya arrastraba esa cirugía en el tendón de Aquiles que poco a poco me obligó a disfrutar el soccer desde una pantalla– y por supuesto Tomás Mundo Arriasa, que sí sabía del trato al balón.
En esos partidos vi al Pollo, a mi juicio uno de los mejores cronistas, comentaristas y reporteros deportivos, volar por los tres palos con sus fácilmente cien kilos encima.
Quien me ha presumido que toca mucho mejor el balón que muchos que suben sus fotos pateando o dominando el esférico es Juan Javier Gómez Cazarín. Lo acepto. Es bueno en el futbolito, donde me dio una arrastriza… aunque nunca he tenido oportunidad de verlo en una cancha grande.
¡Ah! Por cierto, de Rafa Fararoni me dicen que jugó en la Amateur antes de meterse a la polaca.
Allá en la Cuenca del Papaloapan, ¡hay portero! Es lo que me cuentan. El diputado Felipe Pineda Barradas dicen que cuando se pone el suéter de guardameta se transforma. ¡Vuela! Y aunque lo suyo, lo suyo, es el basquetbol, sabe cuidar la meta.
Otro que se decía portero era José Luis Lima Franco, puma de corazón, según me confesó. Pero como que se arrugó cuando le dije que me invitara a un partido…
Por cierto, uno de los que más presumía sus fotos como guardameta era Antonio Vázquez González, el Diablo. Innecesarias las fotos; su fama deportiva lo antecedía.
Por supuesto, Raúl ‘Comas’ Zarrabal era otro de los que organizaba cascaritas e interligas entre dependencias junto con el Chileno Vicente Benítez. Uno desde la SIOP, otro desde Sefiplan.
Un apasionado del futbol es, sin duda, el Chino Adrián Ávila Estrada, que no sólo juega sino que se mete de lleno a los entrenamientos ¿a sus 59 años?
Y sí… entre curules, alcaldías, dependencias, campañas, auditorías y grillas, uno descubre que el futbol termina siendo el idioma común de la política veracruzana. Da igual si son diputados, alcaldes, secretarios o aspirantes: todos presumen que jugaron, que atajaban, que metían goles o que organizaban las cascaritas. Algunos quizás exageren, otros de verdad tuvieron talento, pero en la cancha hay algo que los iguala a todos: el gusto por correr detrás de un balón.
Quizás por eso el Mundial despierta tantas pasiones. Porque más allá de colores partidistas, cargos o responsabilidades, vuelve a muchos a la época en que el partido más importante era el de la tarde, en el llano, entre amigos. Y mientras unos hacen malabares para darse una escapada mundialista y otros se resignan a verlo desde la oficina, la política sigue pareciéndose mucho al futbol: abundan los que quieren ser delanteros, sobran quienes reclaman al árbitro y escasean los que están dispuestos a ponerse los guantes y aguantar los balonazos.
Por lo pronto, mientras rueda el balón, queda claro que en Veracruz hay más de un político que sueña con levantar la Copa… aunque sea la de la próxima elección.


